"Lectura conectada, social y compartida en redes". Mesa redonda de FESABID en LIBER 2014

Como en años anteriores, FESABID estuvo presente en LIBER, la Feria Internacional del Libro, organizada por la Federación de Gremios de Editores de España, en esta ocasión para debatir la relación entre la lectura y los medios sociales.  Barcelona, 3 de octubre de 2014.

 
 
 
 
La mesa estuvo configurada por tres profesionales con distintos planteamientos: Ángel Salcedo (Gestor cultural independiente, Murcia), Pere Fernández (Librería Pequod de Barcelona) y Anna Bröll (Bibliotecas de Barcelona), con Honorio Penadés como moderador.
 
El moderador presentó el tema de la mesa con la pregunta "¿Cuándo pasa la lectura de ser un acto íntimo a una actividad social?"
 
¿Aportan las redes sociales algo a la lectura, para convertirla en social, o son dos mundos diferentes? Dice José Antonio Cordón, de la Universidad de Salamanca, que "la lectura siempre ha sido social" e invoca en su favor a Umberto Eco, según el cual el lector tiende a interpretar - y pensamos que a comunicar lo que ha interpretado. También cita a Kafka, que decía que "uno lee para hacer preguntas". Roger Chartier, a su vez, dice que la revolución del texto - la llegada del libro electrónico- hace que se tambalee la separación tradicional entre las profesiones y actores del mundo del libro, con lo que "el rol de crítico se multiplica, en la medida en que todos los lectores pueden convertirse en críticos" que era el sueño de la Ilustración, "la idea según la cual todo lector dispone de una legitimidad propia, del derecho a un juicio personal". O del derecho a preguntar, que diría Kafka.
 
¿Cómo se traducen estas ideas en el aquí y el ahora, en el ámbito de los actores del mundo del libro en el comienzo del siglo XXI? Parece que la socialización de la lectura vendrá por ejemplo de los libros que permiten ser interrogados, de los autores que se vuelven editores, de los lectores que se vuelven críticos, de los editores que conviven con sus lectores en las redes sociales; la socialización de la lectura se produciría cuando una biblioteca reúne a sus lectores en torno a un café para hablar de buena o mala literatura, cuando el lector se puede dirigir al autor en Twitter, cuando un lector puede saber lo que otro ha subrayado en su e-reader, cuando la portada de un libro se convierte en icono de culto en Pinterest o Instagram... son ejemplos de el lector que quiere preguntar, quiere interpretar, quiere comentar y quiere compartir.
 
A continuación se presentaron tres casos de agente cultural que comparte, librería que comparte y biblioteca que comparte.
 
Ángel Salcedo comenzó su intervención afirmando que "la lectura nos ayuda a gestionar emociones" propias y ajenas, lo que es ya un acto de compartir. A continuación trazó un repaso de las distintas redes, plataformas y espacios que se están usando actualmente para la lectura social: presenciales o virtuales, en todos los casos se trata de redes de personas, que van desde las macrorredes virtuales (como GoodReads) donde los lectores son tratados como usuarios, redes tan grandes y con tantos intereses comerciales que marcan tendencias (reales o inducidas), hasta todos los tipos de clubes de lectura presenciales (donde tuvo la oportunidad de describir la experiencia de Cartagena y sus Jóvenes Lectores, Premio Nacional al Fomento de la Lectura 2014), pasando por las redes institucionales y esas microrredes virtuales que se forman alrededor de los blogs y los grupos de Facebook.
 
La visión de conjunto y el trabajo pie a tierra nos indica que "la experiencia lectora está cambiando", y está cambiando por una nueva generación de lectores que tiene al mismo tiempo nuevos gustos y un nuevo perfil tecnológico. Y constata que las instituciones van más lentas que los lectores a la hora de asumir estos cambios.
 
Hablando de tecnologías nos recordó Ángel Salcedo que además de ayudar al lector le pueden engañar. Para mantener el equilibrio, las bibliotecas deben buscar la complementariedad entre redes presenciales y virtuales. "Ojo con estar sólo conectado", advirtió, y recordó el necesario equilibrio entre dos tendencias actuales: el ciberfetichismo y la sociofobia.
 
Pere Fernández nos habló desde su puesto de "microlibrero y militante del papel". Se afirmó como un librero de oficio, con un pie en el siglo XIX (una pequeña librería de barrio, muy cercana a sus habitantes y muy apegada al papel y al libro como objeto) y otro pie en el siglo XXI (es una librería con un gran alcance en las redes, donde ha alcanzado una importante reputación online y donde ha creado una comunidad de fieles, que sólo en algunos casos coinciden con la comunidad de barrio). Nos recordó que es un librero con un fondo seleccionado personalmente, con un trabajo orientado a la prescripción, y con el objetivo de vender libros.
 
Afirmó disentir de la lectura social: "la lectura es un acto íntimo y solitario". La lectura no es social: lo que es social es compartir la experiencia de la lectura. Todos tenemos algún tipo de interés al compartir nuestras experiencias, y el interés del librero es vender libros.
 
Por otra parte, y hablando de redes sociales, afirmó que como foro social Facebook no es muy distinto del bar donde hacer una tertulia, siempre que esté "habitado por personas, y no por algoritmos automáticos o community managers desmotivados". Y para hablarnos de las redes habitadas por personas concluyó su intervención contándonos dos anécdotas enlazadas: una triste, contó en Facebook la desolación ante una madre que entra en la librería y renuncia a comprar a su hija una novela que tiene que leer para el colegio ("puedes leer un resumen en El rincón del vago", dijo la madre), y la otra alegre, encontrar un lector que le pide que le guarde un libro que ha encontrado en su librería "hasta que cobre la pensión y pueda pagarlo". La sorpresa se produjo cuando una persona que había leído en Facebook la anécdota de la madre y la hija se ofreció a pagar de forma anónima el libro que quería comprar el pensionista. 
 
Anna Bröll nos contó algunas de las múltiples maneras que tienen las bibliotecas de hacer prescripción y animación a la lectura. Y nos preguntó: "¿Están las bibliotecas aprovechando la experiencia del lector y su capacidad prescriptora?". Desde luego, el objetivo de muchas herramientas sociales de las que usamos en las bibliotecas es incentivar la participación del usuario aumentando la comunicación con él; pero no es tan frecuente que el usuario, el lector, participe aportando su saber, sus conocimientos.
 
Nos habló en particular de Bibarnabloc, el blog para compartir experiencias lectoras de las Bibliotecas de Barcelona, que cuenta con dos características relacionadas: todas las entradas reciben comentarios (lo que significa que despiertan interés) y las entradas están redactadas por un grupo muy numeroso de bibliotecarios que escriben sobre su experiencia y sus gustos lectores personales. Demuestra que cuando detrás del blog hay personas aumenta su valor frente a lo que Pere llamaba "algoritmos automáticos y community managers demotivados". 
 
Más allá de la experiencia del blog nos propuso que la biblioteca no sólo dialogue sino que "acepte aprender de los lectores". "Los lectores saben mucho", afirmó, y nos puso como ejemplos algunas iniciativas transgresoras propias de los lectores, como el fenómeno de los booktubers y el de la fanfiction. De nuevo, como decía Ángel, los bibliotecarios somos más lentos y nos falta ese "punto transgresor". Propuso como vía de trabajo aprender de lo que están haciendo los jóvenes, aprovechar y canalizar el conocimiento de los lectores.
 
Tras las intervenciones de los ponentes se abrió con el turno de preguntas un debate alrededor de las posibilidades de trabajo dado el espacio disponible que dejan las macrocorporaciones, incidiendo de nuevo en el valor que tiene el que haya personas reales detrás -y dentro- de las redes; sobre cuál es la oferta posible de las bibliotecas en el mundo del libro electrónico; y en definitiva sobre el futuro de las bibliotecas.
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